Altos del Rosario (Bolívar).

Jueves 23 de noviembre de 2017. A las siete de la noche salí del Terminal del Norte de Medellín en un Copetrán, con destino Altos del Rosario.

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Principal iglesia católica en Altos del Rosario.

Eran las cinco de la mañana del viernes cuando me bajé del bus en la Ruta del Sol, concretamente en ‘El Burro’, como se llama el desvío hacia El Banco (Magdalena).

Transporte fluvial.

En este último pueblo pagué $9.000 para llegar en chalupa amarilla hasta el municipio de Hatillo de Loba.

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Puerto fluvial en El Banco (Magdalena), desde donde se va a Altos.

El costo de los pasajes en chalupa casi siempre es alto, dado que el transporte a través del río no tiene competencia.

Pero este pasaje desde El Banco hasta Hatillo de Loba sí tiene un precio razonable, porque no es tan informal, hay buena demanda de pasajeros y claro más frecuencias.

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Las chalupas de pasajeros van y vienen desde el puerto de El Banco.

Al principio, en vista que el chalupero no arrancaba cuando ya todos los asientos estaban ocupados, algunos reclamamos y comenzamos a gritar: ‘Bueno, vamos; ey, arranca’. El reclamo dio frutos.

Por estos días, el río Magdalena está crecido y el conductor debe ir con cuidado para que las tarullas, esas plantas acuáticas que bajan con las lluvias del interior del país, no se enreden en la hélice del motor fuera de borda.

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Los paisajes viajando por el río Magdalena son de enmarcar.

Hicimos escala en San Martín de Loba, pueblo que ya conozco y en media hora desembarcamos en Barranco de Loba.

No entré al pueblo, sino que ahí mismo contraté a Luis, un conductor de moto muy experimentado quien por $20.000 me llevará en su moto Boxer hasta Altos del Rosario, en una hora y media de recorrido.

Viaje en moto.

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Para viajar en moto, no hay como un poncho para proteger la cara de los rayos solares.

Al final le pagué $25.000 pues Luis me atendió muy bien y en los 30 charcos por los que tuvimos que pasar despacio, solo en uno la moto medio se ladeó y patinó un poco.

Y es que este vehículo tiene parrilla atrás para sostener los brazos y llantas y estribos en buen estado, condiciones fundamentales para transitar por terrenos pantanosos, cuando el parrillero es un viajero sesentón.

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Gracias a mi conductor experto pudimos sortear tantos pasos difíciles.

Altos del Rosario es un pueblo típico de la costa: solo la calle principal y la que llega a la alcaldía tienen cubierta de cemento.

Al entrar al puerto me encontré con Dairo, un tejedor que elabora trasmallos para pescar. Le hice una pequeña entrevista que grabé en el celular. Escúchala.

No sabía yo que los peces se limpian las plagas que se adhieren a las escamas.

Altos del Rosario, pueblo típico costeño.

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Tejiendo un trasmallo para pescar en el río.

Dejé el morral en la panadería y salí a recorrer las calles de este municipio bolivarense.

Adelante de la extensa cancha de fútbol se destaca el templo católico, de una torre cuadrada y sencilla, que se levanta en lo más alto de pueblo.

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Escalinata que lleva hasta el templo católico.

Una larga escalinata frontal permite llegar hasta la ermita.

A esta hora de la mañana todo luce muy bien y con luz favorable. Algunas viviendas tienen fachadas coloridas.

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Hora de descanso para el rey del gallinero.

Frente al templo católico, hay un pequeño parque en donde ahora descansan las gallinas, lideradas por un gallo cocotero de vistoso cuello. Su pose triste y vestido de medio luto se explica de pronto por algún sancocho reciente.

En el ‘Restaurante Sabor Alteño’ de la señora Flor, encargué mi desayuno con huevos revueltos y tajadas de guineo maduro.

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Sin lugar a dudas estos huevos son muy diferentes a los que uno hace en la casa.

Qué ricura, pues claro, estaba sin comer proteína desde cuando llegué a El Banco. Si al mirar ese plato sus glándulas salivares se alborotan, no tengo la culpa.

La alcaldía no se encuentra en el centro sino en una calle secundaria a dos cuadras del parque.

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Edificio de la Alcaldía en Altos del Rosario.

La sede gubernamental ocupa un edificio moderno de dos pisos. Allí el encargado de Familias en Acción me habló de ‘La Pacha’, un río y balneario parecido al de Guatapurí en Valledupar.

Junto al puerto de las chalupas compré mandarinas muy ricas a $300 la unidad. Carnosas, tiernas, dulces.

La gente de Altos del Rosario me ha parecido querida, responden con amabilidad cuando los saludo, o siguen la charla como la que le hice al vecino que construía frente a su vivienda la ‘terraza  pa’ mamá ron’.

Lancha-Ambulancia.

Fui testigo de una emergencia: tres personas sacaban en una silla con brazos al anciaano enfermo. Lo llevaron al pequeño hospital alteño y más tarde vi cuando salían con él hacia El Banco, en la lancha ambulancia.

Un médico y dos enfermeras asisten con intravenosa al paciente y lo acompañan hasta la clínica de mayor nivel.

‘Yo lo toqué y estaba frío, frío. Ese difícilmente se salva’,

Pronostica sin mayores argumentos uno de los lugareños que corrió a ver de quién se trataba.

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En cada pueblo de río, hay una embarcación equipada para transporte de enfermos.

Me estacioné en el puerto por si salía o pasaba algún bote con destino Pinillos, el pueblo más alejado de los que me falta conocer en el departamento de Bolívar.

Son las once de la mañana, el día continúa soleado y hermoso, por aquí ha llovido, pero no tanto como en el interior del país.

Altos del Rosario
Una de las calles sin pavimento en Altos del Rosario.

Qué impresión cómo los residentes de las orillas del río tiran al lecho toda clase de basuras.

También me conmueve la cantidad de pájaros cantores enjaulados para la venta, que llevan algunos muchachos o se exhiben secuestrados en las ramas de los árboles.

A la una de la tarde unos cuantos pasajeros abordamos la chalupa amarilla que zarpa hacia El Banco.

Dentro de la lancha no dejo de pensar en lo poco que se utiliza esta amplia autopista acuática y plana, que es el río Magdalena. En Colombia tenemos tantas riquezas que poco nos preocupamos por aprovecharlas.

Una hora duró el recorrido con detenciones rápidas en los puertos. A las dos de la tarde desembarcamos en El Banco.

El alcalde de Altos del Rosario hasta el 2019 es el señor Jacinto Rodríguez Ardila.

Acá habitan en total 11.000 alteños, repartidos por partes iguales en el pueblo y en las veredas.

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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