Taganga (Magdalena).

Jueves 7 de febrero de 2013

Estando en mi hotel, frente a la Bahía de Santa Marta, tuve una excelente idea: levantarme temprano para ir a Taganga en buseta, que tomé en la carrera quinta por solo $1.200. Como siempre, el descenso desde el alto hasta la bahía, ofrece una panorámica preciosa. Y a mitad de camino hay un mirador donde me detengo a contemplar el océano. Apenas aparece la otra buseta, pago otros $1.200 para llegar a mi destino.

Ramas.
Bahía frente a Taganga.

Me bajé del transporte cerca de los cerros orientales, para buscar un alto desde el cual fotografiar el mar, con los barcos pesqueros ahí fondeados. Primero subí a un Mirador recién construido, con techo de paja, pero en realidad la vista desde allí no es tan buena como dos casas más arriba y hacia el frente de la bahía, hasta donde llegué. El ascenso hasta allí es un poco resbaladizo, por el cascajo que cubre la cuesta. Hay que trepar con cuidado. Cómo me convendría un palo de escoba, a manera de tercer pie. Una caída por acá sería fatal, pues en ninguna de las dos casas hay vivientes.

El mar a esta hora temprana se ve tranquilo, de olas frágiles y azul profundo. Los árboles de las primeras casas, decoran el panorama tan hermoso. Utilizo algunas ramas de los arbustos cercanos, para enmarcar mis fotografías.

En seguida bajé al barrio más oriental y al momento pasó la buseta en la cual llegué hasta la playa. Varios pescadores estaban arreglando los animales capturados en la madrugada. Hermosos ejemplares de pargo rojo, sierras y doradas, yacían sobre la arena, hasta donde llegaban las espumosas olas. En otro sitio un hombre descamaba otros peces. Se ven hermosos esos pescados, con sus ojos aún brillantes y las agallas rojas.

Pescados.
Pargo rojo y otros pescados.

A esta hora, cuando los primeros rayos del sol dan sobre la bahía, el paisaje no puede ser más hermoso. Ahí están las barcas de pescadores, ancladas en la ensenada, con sus mástiles perpendiculares y las velas recogidas. Algunas tienen nombres de la mujer amada o el hijo en el que se tienen todas las esperanzas. Katherine, 10 de mayo, Los tres hermanos, Kamito, Don Rafael, Alexandrine, Rosa María, son algunos de los nombres que exhiben las embarcaciones. Mientras más artesanales sean los botes, más bellos se ven, en las fotos que voy tomando.

Barcas.
Embarcaciones en Taganga.

Hay muy pocos turistas a esta hora, y eso favorece mis fotografías. Los que sí se preparan para salir a alta mar, son los sembradores de corales que la fundación ambiental Calypso, ha contratado para tal cultivo, utilizando mayas en forma de sombreros. Otra embarcación de dos motores fuera de borda, zarpa ahora llevando aficionados al buceo. Todos cargan sus vestidos impermeables y las pipetas de oxígeno para la inmersión. En otra chalupa, un furgón desde la playa descarga pesados bloques de hielo, que luego depositan en una nave más grande que, esa sí tiene equipo de refrigeración.

Descamar.
Descamado de las piezas.

Un hombre, sobre una barca pequeña y con remos de madera, lleva a los pasajeros hasta la lancha más grande, que permanece un tanto alejada de la playa. Ese es su trabajo y de esa forma se gana la vida. La canoa no tiene más de tres metros de largo, pero sirve para impedir que los pasajeros se mojen los pies y lleguen cómodos hasta la barca de mayor tamaño.

Red y pescadores.
Pescadores.

Quería tomarme un café, pero en los establecimientos para turistas cobran tres mil pesos. Un lugareño me dice que está para pasar la señora del termo, que vende el tinto a 500 pesos. Los jugos de naranja que en Santa Marta son a mil pesos, aquí también cobran tres mil por igual cantidad de exprimido. Lo que hace el turismo…

Me siento en una silla Rimax, cerca a dos palmas con el tallo pintados de franjas coloridas. El paisaje es de ensueño, qué relax, cuánta ensoñación provoca este lugar maravilloso. En esas llega un grupo de pescadores que trabajó toda la noche, con su trasmayo a reventar. Qué abundancia de peces plateados, casi todos del mismo tamaño. Eso sí es tener suerte.

Abundancia de pescados.
Día de suerte.

Bueno, qué buen programa me tocó esta mañana, vine en el momento apropiado y al lugar de mayores sensaciones. Me encantó! Viniendo de Taganga, o yendo,  da igual, se pasa cerca del monumento a la Virgen que en horas de la mañana, tiene una buena vista sobre la ciudad de Santa Marta y la bahía. De todas maneras no conviene ir solo, como que ese sitio lo frecuentan marihuaneros. Así que en la buseta de regreso, sigo de largo y me bajo cerca del malecón de la bahía.

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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