El Águila (Valle del Cauca).

Jueves 4 de junio de 2015

Amanecí en Cartago y llegué al paradero de TransNóvita, diez minutos antes que arrancara la buseta de las ocho de la mañana, con destino El Águila. El recorrido se demora  una hora y veinte minutos y el pasaje cuesta $8.000.

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Iglesia y parque de El Águila.

En la última banca de la buseta para 11 pasajeros, me dediqué a observar todo, mucho más cuando dejamos Ansermanuevo y comenzamos a transitar por territorio desconocido. Sabía que en el lado del conductor no me daría el sol que toda la mañana estará hacia el oriente. Ahora vamos para el norte del departamento del Valle del Cauca.

A mi lado va un señor amable que, durante todo el tiempo estuvo instruyéndome respecto a los nombres de los sitios y las quebradas por las cuales pasamos. Gracias a su colaboración conocí mejor la zona. Cuando se viaja solo, es gratificante encontrar personas tan serviciales y acogedoras.

Cerca de Ansermanuevo, que aquí todo el mundo llama ‘Anserma’ a secas, pasamos bajo un bello túnel verde, compuesto por arbustos de una especie de limoncillo, que no había visto antes.

Más adelante bajamos hasta el puente sobre la Quebrada Grande, la misma que surte los balnearios a donde, los fines de semana llegan muchos turistas y familias, a pasar el día de descanso. El sitio se llama ‘La Pedregosa’, y sí, ahí se ve correr la Quebrada Grande, en medio de prados verdes muy llamativos. Hay restaurantes y piscinas, en varios centros recreativos alrededor.

El paisaje por esta parte, también es digno de admirar: una capa vegetal pura, exuberante y a veces invasora del pavimento. Bejucos que cuelgan de ramas altas, contra los cuales hay que estar alerta, no sea que peguen duro contra el parabrisas caliente. Y una novedad: el talud tiene tramos formados por rocas no muy fuertes, de esas como mezcladas con tierra, que forman lajas de colores ocre muy bellas. Se las ve como superpuestas y rotas por la pala del buldócer que abrió el camino.

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Vivienda cafetera.

Y hacia el otro lado, los bellos cafetales que cubren toda la cordillera, a veces con matas de plátano intercaladas, otras veces en cuadrículas y siempre formando hileras para facilitar la cosecha. También se aprecian casas hermosas, de puertas, ventanas y chambrana pintadas de rojo, azul rey o naranja. Se las distingue allá abajo, casi siempre en una planicie entre terrenos escarpados y al final de un sendero peatonal bien demarcado. Definitivamente las tierras cafeteras son muy hermosas y variadas.

Al llegar a El Águila, nos entramos a ‘Ricuras’, la panadería más grande frente al pequeño parque delante de la fachada de la iglesia. Comí a manera de desayuno dos papas de pollo muy frescas y con cuánto sabor. A mil pesos la unidad, son ‘encoñadoras’.

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Bautizo de Jesús.

Entré a fotografiar la iglesia por dentro, que no es gran cosa. Lo destacable son tres vitrales con escenas bíblicas, entre ellas San Juan Bautista. Como cosa rara, fueron hechos en un formato  horizontal.

La baldosa antigua del piso, no es la más hermosa, pero sí tiene un diseño orniginal. El frontis del templo es una espadaña sencilla, decorada con líneas simples y un reloj que marca la hora exacta.

Fotografié el Monumento a los Fundadores que decora el pequeño parque aguileño. Luego subí a una casa central, desde donde fotografié la pequeña plaza y la torre eclesial.

En un Cyber Café pude ver imágenes de El Águila y otras de los pueblos que me falta visitar. Es muy importante observar esos registros antes de conocer las localidades, pues de nada sirve encontrar videos muy didácticos, cuando ya se ha visitado el pueblo. Gracias a YouTube me doy cuenta que, mientras El Águila está levantado como sobre una cuchilla, con calles que caen hacia ambos lados, Argelia en cambio está construido como en una hondonada.

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Otro enfoque de El Águila.

Averiguando por transporte en moto, conozco a ‘el de las gelatinas’, un señor joven que se rebusca la vida de mil maneras, una de ellas elaborando gelatina de pata. El hombre fue de gran ayuda en esta visita a El Águila. Primero me subió hasta el Hospital San Rafael, en el extremo oriental del casco urbano, y por la tarde, me llevó a la otra punta, hasta el camino que sube a Exproica, en el costado occidental.

Cerca del Hospital, encontramos una casa desde la cual se ve muy bien el pueblo, y con la iglesia de frente. Luego bajamos por el sector donde está el colegio José María Córdova.

Hoy estoy inaugurando en El Águila, una nueva forma de visitar pueblos: despacio, disfrutando al máximo de todo, hablando con la gente y deteniéndome en todo aquello que me llama la atención.

Jardín
Jardín de Bertina.

Así que me despedí de Antonio, cuando encontré una casa con un jardín precioso en la acera. Es la residencia de Bertina Montoya de Zapata y su hija. Muy queridas. Admiré sus flores y ella me presentó una mata de ‘Porcelana’, como se llama esa especie, qué hermosura: sin flores, pero de hojas carnosas y dispuestas de forma geométrica, como simulando una flor. No había visto antes esa planta tan especial.

Bertina hace arreglos de modistería, y su hija me propuso que le trajera una tela para hacerme unos ‘calzoncillos caza pulgas, de los que llegan hasta la rodilla’. Pero lo más hermoso fue cuando Bertina se ofreció a regalarme ‘un piecito’ de su Porcelana. Qué emoción siento al encontrar en estos pueblos, gente amigable y generosa.

Más adelante fotografío a ‘Yomo’, un perrito café lo más de bello que primero se muestra tierno y tímido, pero al minuto viene moviendo la cola para que yo lo consienta.

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‘Yomo’.

Por ahí cerca compré un mango tomy delicioso, que pelé yo mismo con parsimonia y sacando la cáscara de una sola pieza y en espiral.

De vez en cuando me asomo hacia las laderas cultivadas para fotografiar y admirar los alrededores tan verdes de El Águila. Ya en la plaza, comí una pera muy rica, para continuar con mi empeño de mejorar los hábitos alimenticios.

Como a las dos de la tarde el sol estaba ya al otro lado, llamé a Antonio para que me subiera hasta las últimas casas del occidente, por donde se llega a Exproica, y desde allí tener otro ángulo para fotografiar el municipio. Me encantó subir hasta ese sitio desde el cual se captan detalles diferentes y se logra un enfoque distinto del casco urbano aguileño.

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Campero con carga de café.

La bajada la hice a pié, luego de pagarle a Antonio los tres mil pesos. Ya sabía que a las dos de la tarde saldría el próximo transporte, así que me fui caminando por la salida hacia Ansermanuevo, por si algún carro me recogía.

Y sí me alzó uno: la chiva que va por los estudiantes a la Concentración de Desarrollo Rural Santa Marta, un colegio especializado que está como a cuatro kilómetros de El Águila.  Se trata de un establecimiento de educación lo más de agradable, un poco alejado de la carretera y levantado en medio de árboles altos y coposos. Unas estudiantes que conocí por ahí, se expresaron muy bien de su colegio, tienen buen sentido de pertenencia.

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Plátano y Café crecen juntos.

Pues sí que gracias al joven conductor de la chiva,  fue muy oportuno ese avance en el recorrido, pues al regreso de El Águila quería fotografiar cafetales, y los árboles de nogal que a veces salvan el abismo.

Eso hice, cuando me quedé solo en la carretera, feliz de presenciar tantas bellezas, en un día de verano muy agradable.

A la venida lamenté no poder fotografiar la valla que da la bienvenida al municipio; entonces apenas vi que subía una moto, le puse la mano y me llevó hasta el aviso. Lo más de bacano ese viaje corto, abriendo los brazos para sentir la brisa y sonriente al saborear esa sensación de libertad, que dá el viaje en motocicleta.

Aviso.
Valla de bienvenida.

Junto a la valla salía un camino que anduve un poco para fotografiar parte de la panorámica de El Águila. Pero debía apurarme, pues estaba para pasar el transporte de las dos de la tarde. En esas bajaba un muchacho en moto y muy querido, me arrimó hasta la valla. Le pedí a unas estudiantes de la Concentración que me tomaran una foto cerca del aviso y ahí mismo apareció la buseta que venía, sin ningún pasajero.

Este conductor fue muy amable, incluso se detuvo cuando yo quise enfocar otros motivos naturales.

En fin que esta visita a El Águila me encantó, la disfruté mucho y me gustó hacer parte del recorrido en tres motos diferentes y por carretera de montaña, en dos oportunidades; más la novedad de no andar a las carreras con el objetivo de visitar tres pueblos por día.

No obstante, hoy también tendré tiempo para dedicarle a Ansermanuevo, vamos a ver.

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

4 comentarios en «El Águila (Valle del Cauca).»

  • el 24 abril, 2019 a las 5:55 pm
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    Exelente narración, busco una tierrita en ese sector, me gustaría saber que tal es la carretera y el tema de seguridad.
    gracias.

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    • el 25 abril, 2019 a las 8:54 am
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      La vía está muy bien, y en cuanto a seguridad, el año pasado anduve por ahí y no me informaron de riesgos mayores. Conviene que antes de viajar se informe por teléfono en la Estación de Policía. Saludos.

      Respuesta

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