Anzoátegui (Tolima).

Domingo 14 de mayo de 2017

En Palovayo, como se llama el cruce para Anzóategui sobre la vía central,  abordé un camión con cara de escalera que por $7.000 nos trajo hasta este municipio.

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Finca cafetera en los alrededores de Anzoátegui (Tolima).

Pueblo cafetero.

También esperaban transporte cuatro personas expertas en coger café que llegaron de Andes (Antioquia), y vienen a suplir el déficit de chapoleras que hay en los cafetales de Anzoátegui.

El recorrido de una hora y cuarenta minutos es todo en ascenso, por carretera pavimentada. Como en los días recientes ha caído tanta agua, en el recorrido encontramos como diez ‘volcanes’, como llaman por acá los derrumbes o deslaves.

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Interior del Templo Parroquial.

Al lado del conductor, no iba muy cómodo, me tocaba levantar la pierda cuando el chofer debía meter tercera. Me imagino que el chofer  pensará: ‘Malaya no ir acá una chica joven en vez de este cucho’.

En cambio yo disfrutaba cuando el conductor hacía los cambios y le ponía el bajo: todo el mecanismo trepidaba lo más de bueno, a lo largo del chasis.

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Jardín en casa campesina.

Al comienzo de la vía abundan los cañadulzales, más arriba con temperaturas frescas, crecen los cafetales y algunos cultivos de maíz o fríjol.

Al pasar por la vereda Betulia vimos hacia el nor-occidente las torres de la iglesia de Santa Isabel, el municipio vecino.

A las nueve de la mañana pasamos por el colegio Carlos Blanco Nassar y más adelante estuvimos cerca a la alcaldía de Anzoátegui que no está junto a la iglesia, sino en un edificio de tres plantas con balcones corridos y el coliseo al frente.

La estatua del General José Antonio Anzoátegui, blandiendo su espada, decora la fachada de la Administración Municipal.

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Edificio de la Alcaldía en Anzoátegui.

Este militar nacido en Venezuela murió en Pamplona (Santander) en 1.814, luego de comandar la infantería durante la Campaña Libertadora.

‘Habría preferido yo la pérdida de dos batallas a la muerte de Anzoátegui’,

escribió Bolívar sobre la muerte del general que, da nombre a este pueblo tolimense.

Niebla
Tan pronto como aparece la niebla, el viento la arrastra dando paso a luz solar.

Clima variable.

Anzoátegui está asentado sobre una cuchilla en lo más alto de la cordillera. Tiene mucho comercio y como en todo pueblo de montaña, el clima es cambiante, a merced de los vientos que, ahora traen la niebla y en seguida la dispersan para que el sol ingrese y abrace con sus rayos la cuchilla.

A esta altura los vientos que soplan desde los cuatro puntos cardinales, hacen cambiar la apariencia de Anzoátegui.

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Grietas en la torre.

La iglesia del Perpetuo Socorro, de aspecto imponente se ve bien por fuera y en su interior.

En cualquier momento la torre sur del templo se puede venir abajo, pues presenta fisuras que la hacen vulnerable al menor movimiento sísmico.

Por encontrarse sobre el filo de la cordillera, Anzóategui no dispone de muchos espacios abiertos. El parque frente a la iglesia es pequeño y solo unas cuantas palmeras decoran el plano.

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Homenaje al arriero y cultivador de café.

Una escultura del arriero y su mula rinde homenaje al caficultor anzoateguense.

Y frente al templo hay varias edificaciones de dos pisos con balcones y enchapado en madera que, esas sí se ven muy bien. Qué bueno que las han conservados con el estilo de la arquitectura de la colonización antioqueña.

Bueno, pero me hacía falta un buen desayuno y lo obtuve en el restaurante El Dorado, el que está frente a la iglesia y cubre las mesas con manteles plásticos.  Tenía tanta fatiga que hasta empecé a sentir mareo.

Por el decorado del restaurante me sentí como en los años 50, pero qué delicia de plato: caldo de costilla con dos arepas, pancitos y chocolate, todo por $5.000. Quedé más que satisfecho, mi cuerpo lo necesitaba. No hay como desayunar con hambre.

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Maniquíes en la acera del almacén.

Para acabar de completar, mientras calmaba la fatiga sonó en un bar cercano ‘Como un ángel’, la canción montañera que me trae recuerdos. No, qué fascinación.

Día de mercado.

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Calle central y más comercial de Anzoátegui.

Un domingo en Anzoátegui las calles permanecen llenas de labriegos que llegan a hacer mercado a la cabecera municipal. Hay muchos compradores y no faltan las bestias cargadas con productos del campo y vueltas a cargar con la remesa para la semana.

En un almacén de ropa exhiben en la acera los maniquíes con las blusas y jeans que son el último grito de la moda. Parece un desfile ‘fashion’ en plena calle del pueblo.

Más allá de la iglesia está la Plaza de Mercado cubierta, supongo yo obra de la anterior administración municipal, pues todavía hay locales sin uso y la fachada luce impecable.

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Nuevo edificio para el mercado.

Bueno, ya es suficiente con lo visto en Anzoátegui,  almedio día abordé un Renault 12, de los que prestan servicio hacia Venadillo y por $8.000 bajamos la cordillera para llegar al pueblo de la avena.

Este Renault 12 en el que vamos es modelo 1.981, el último año en el que Sofasa ensambló esos autos.

En Palovayo tomé junto a tres personas, otro colectivo que va para Santa Isabel.

Acá habitan en total 16.000 anzoateguenses, dos mil en el pueblo y 14.000 en las veredas.

El alcalde de Anzoátegui hasta el 2019 es el señor Oscar Fernando Tovar Bernal.

 

 

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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