Filandia (Quindío).

Martes 31 de enero de 2012

El pueblo más conocido y visitado del Quindío es Salento, pero pienso que Filandia también tiene sitios muy interesantes para conocer. Incluso el que sea menos asediado, le agrega valor, para quienes preferimos destinos no tan turísticos.

F
Iglesia y Plaza Principal.

De Circasia a Filandia hay solo 7 kilómetros de distancia que se recorren en buseta por solo $3.000. Desde cuando dejamos la autopista del café para entrar a Filandia, me dio buena impresión este pueblo. Cada kilómetro hay una pequeña valla que anuncia un sitio o motivo de interés para los visitantes. La primera dice: ‘Aliste su cámara porque llegó a Filandia’, como si se tratara de Venecia o Río de Janeiro. Qué bien.

Parque
Parque y Plaza de Filandia.

Otros avisos destacan la presencia en el municipio de cesterías, monos aulladores en vía de extinción, un corredor ecológico o simplemente colibríes. Lo cual no significa que en otros pueblos no haya ese tipo de atractivos, sino que aquí sí los destacan y aprovechan su presencia. Pa’ que vea… Y otro detalle importante: a los lados de la vía de ingreso a la localidad, han sembrado árboles de sombra, que ahora son plantas jóvenes, muy hermosas.

Este municipio tiene 13 mil filandeses, de los cuales la mitad son campesinos y la otra mitad vive en el pueblo.  El alcalde hasta el 2015 es el señor Héctor Fabio Urrea Ramírez.

Parasol
Parasoles en la plaza.

Ya en el centro de Filandia, me ubiqué en la plaza principal, recordando mi venida a este municipio, por allá en el 2004. En esa época nos alojamos en La Casa del Viajero. No se me olvida que ese fin de semana estaban de fiesta en Filandia, así que fue como visitar un pueblo embebido, muy distinto al sobrio y calmado que encuentro ahora. Aquella vez el parque estaba lleno de casetas y había música y borrachos por todas partes. Ahora me espera una comarca tranquila y apacible. Esa es la que me gusta y más disfruto.

En Filandia, como en Circasia, lo que más me interesaba conocer era el mirador, construido en el 2007 y desde el cual se divisan 16 municipios de los departamentos de Quindío, Valle del Cauca y Risaralda. Está ubicado cerca al cementerio, en las afueras del pueblo, a pocas cuadras de la plaza principal, sobre la llamada ‘Colina Iluminada’.

Corredor
Amplios corredores del Mirador.

La torre de observación fue diseñada por el arquitecto Jaime Botero Medina y tiene una altura total de 27 metros. En su construcción se utilizaron mangle rojo de San Bernardo del Viento, y otros materiales de la región. El mirador tiene escalas amplias y descansadas y nueve niveles, algunos con mesas y sillas para divisar cómodamente. Uno de los niveles lleva el nombre de Flaminio Parra Galindo, el lugareño que primero tuvo la idea de construir allí una gran atalaya.

Mariposa.
Mariposa en el piso de la atalaya.

En la base de la construcción hay un espejo de agua con una enorme y colorida mariposa, que se divisa muy bella desde las escalas de ascenso. Para llegar hasta la cima es necesario subir 120 escalones que, aún para mis débiles rodillas, no significó mayor esfuerzo. O sería por la emoción que sentí al verme arriba y disfrutar de tan hermosa vista, de profundidad casi infinita.

Pano
Vista general de Filandia.

Ahí cerca se ven algunas casas campesinas auténticas y bien tenidas, que pude ‘traer hasta acá’ con el zoom de mi cámara. Fuera de Pereira y Armenia que quedan en extremos diferentes, pude identificar fácilmente a Quimbaya, por su edificio blanco y de diez pisos, que lo distingue de los otros pueblos, con menos actividad económica.

De nuevo en tierra, entré a visitar algunas de las casas y talleres de artesanía en guadua y cestería, ubicados cerca del mirador. Me impresionó la amabilidad de las personas con las cuales conversé, y la calidad y belleza de los canastos, lámparas, atrapa sueños, y demás productos hechos con distintos materiales naturales, sacados del bosque: tripilla, cucharo, raicillo, azufre y chuzco.

Canastos.
Artesanías hechas con fibra natural.

Esta es la tercera generación que trabaja la cestería. Incluso me tocó saludar a un señor de 92 años que, no obstante su juventud acumulada, estaba en lo alto de la escalera sacudiendo y volteando los bejucos que se secaban al sol.

Como no pasaba buseta hacia el centro del pueblo, regresé a pié hasta la plaza de Filandia, con una pequeña escala, mientras pasaba un chubasco que escampó rápidamente.

En Choripollo, el negocio de don Gonzalo, almorcé muy bien por solo $6.000. Por fuera el negocio no tiene presencia, pero dentro es toda una casa antigua, con mucho carácter y muy buen ambiente. Se trata de una construcción típica de la arquitectura antioqueña, habilitada como restaurante.

En el patio central, rodeado de chambranas están las mesas, lo mismo que en otros ambientes diseñados en cada una de las piezas, de la que fue residencia familiar.

Cenefa
Restaurante típico en Filandia.

Allí probé el claro de mazamorra más delicioso que jamás haya tomado: espesito, fresco y con cierto sabor como a natilla; al fin y al cabo el maíz puro, es el ingrediente principal de ambos.

Al regresar a la plaza, me dediqué a fotografiar y observar todo lo que transcurría ante mis ojos: las estudiantes de las veredas, que con su saco rojo y falda gris, pasaban de pié en los Jeeps con destino a sus hogares; los ancianos que veían pasar las horas sentados en las bancas del parque; el campero marca Nissan 78 de color rojo y habilitado muy bien como carro del Cuerpo de Bomberos; el asadero de arepas que atiende en las tardes una señora amable; la réplica exacta y a escala, de un campero Jeep en el cual dan vueltas al parque, los niños de hasta cinco años.

Sí.
Esquina emblemática en el centro del pueblo.

Me faltaba contemplar los prados verdes que rodean el municipio desde el mirador pequeño ubicado al final de una de las calles de Filandia. Es hermosa la vista desde allí, y esa atalaya sí la disfruté cuando visité el pueblo hace ocho años.

Solo me faltó subir a la casa El Quijote, donde funciona la Registraduría y en cuyo tercer piso hay otra altura interesante, pero qué pesar, todo estaba cerrado.

Naves.
Interior de la iglesia parroquial.

También detallé algunos aspectos hermosos

de la iglesia parroquial. Su estilo es típico de la arquitectura antioqueña y de esa manera están decorados el cielo raso y la cúpula: con tablas y rosetones coloridos.

A manera de algo, tomé tinto con pastel de guayaba, en La Casa del Pandebono. Entonces esperé la buseta que sale cada hora para Quimbaya, el municipio vecino, de más movimiento económico que Filandia.

 

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *