Valledupar (Cesar).

Domingo 21 de diciembre de 2008:

Desde hace días hago un recorrido por la costa atlántica colombiana. Ahora me encuentro en Santa Marta, y hoy viajaré a Valledupar, para disfrutar de esa ciudad que desde hace tiempo quiero conocer. Para mí será muy placentero escuchar allí, vallenatos clásicos, como aquel famoso de Rafael Escalona: ‘La Casa en el Aire’.

Iglesia.
Catedral de Valledupar, en la Plaza Alfonso López.

Valledupar tiene en total 355 mil habitantes de los cuales la mayoría: trescientos mil habitan en la ciudad y 55 mil en el campo.

Estos buses nuevos de Copetrán traen dos baños ‘para comodidad de la mujer’. Y para ahorro de los hombres, que no tienen que pagar los $ 700 que cuesta orinar en el Terminal.

Qué paseo tan agradable este, a la costa atlántica. Me encanta viajar, conocer gente nueva, deleitarme contemplando paisajes naturales, probar nuevos platos y, como en este caso, regresar a los lugares en los cuales trabajé en el pasado.

Mochilas.
Mochilas guajiras, a la venta en Valledupar.

Tanto en Riohacha, como en Santa Marta y Valledupar, he visto puntos donde venden las famosas mochilas guajiras que,  por su colorido y diseño, se ven hermosas sobre el piso en el que las exhiben.

Al llegar al Terminal de Valledupar aproveché que había un restaurante con almuerzo a $ 6.000 y de una vez calmé el hambre. Me sirvieron un pernil de pollo grande y suculento y además, porción de arroz de coco delicioso. Se ve que en esta ciudad menos turística, los precios son más razonables.

Gallos.
Escultura a los gallos de pelea.

En cualquier destino, prefiero los hoteles que están en el centro de la ciudad, pues como viajo siempre en transporte público, los hospedajes céntricos, son más funcionales, económicos y recursivos. Así que por solo mil pesos una moto me llevó a mí con los dos morrales encima, hasta el sitio en donde conseguí habitación nueva por $ 15.000 la noche. Al pasar por una glorieta, admiré la escultura de los gallos de pelea, detesto ese pasatiempo, pero como obra de arte sí es admirable.

Ya libre de carga en la espalda salí a caminar por la ciudad. Primero estuve en la Plaza Alfonso López, en la calle 15 con carrera 5. Sin embargo el sector comercial está más en la carrera 7 con calle 17. El edificio de la Alcaldía es moderno y elegante.

Alcaldía
Edificio de la Administración Municipal.

Aquí prima el moto-taxismo. Los lugareños se ufanan que Valledupar es la ciudad de Colombia con el mejor servicio de motos. Y sí, la ventaja es que dejan al pasajero en la puerta de su casa y lo llevan directo. Y una de las desventajas es el ruido. Los conductores de moto le pitan a uno para ofrecerle el servicio,  cuando lo ven en una actitud de espera. Y también hacen sonar la bocina para saludar al colega que pasa en frente o regañar al que se atraviesa.

En el centro histórico y en el marco de la plaza Alfonso López hay muchas construcciones antiguas de un solo piso que, afortunadamente se han conservado intactas. Es una plaza grande  con un escenario permanente al lado, para actos públicos.

La Marcha
Escultura de Rodrigo Arenas Betancur.

Lo más destacable es el monumento ‘La Marcha de la Revolución’ de Rodrigo Arenas Betancur. Bonito y, como la mayoría de sus obras, se eleva al cielo como alcanzando una estrella que, en este caso era una cometa que volaba muy alta y serena. Esta obra de arte fue inaugurada en 1.994 pero el nombre del autor no aparece en la placa conmemorativa.

La iglesia de Valledupar es pequeña pero bonita. Se llama la Parroquia de la Concepción. Tiene retablos antiguos en madera tallada y en esta oportunidad estaba arreglada con palmeras dentro y fuera del templo, para un matrimonio elegante que hubo el sábado.

Anduve también por el sector de Cinco Esquinas y entré a la Galería Popular que es como el Hueco en Medellín. Pasé por un edificio comercial que, al igual que el Terminal de Transportes, tiene una fachada en forma de acordeón.

Balneario.
Balneario Hurtado.

El señor del hotel me habló del famoso balneario Hurtado a donde va la gente de noche o de día, así que incluso ahora debe estar abierto. ‘Voy o no voy’ fue mi disyuntiva, hasta cuando me hablaron que una moto me podía llevar hasta allá, por cuatro mil pesos ida y vuelta.

Mi decisión fue positiva, claro. Ricardo, un mototaxista amable me llevó en su vehículo sin casco, pues acá la policía poco exige ese requisito de seguridad. Incluso Ricardo me recogerá mañana a las seis, para hacer un tour en moto por la ciudad, durante una hora por siete mil pesos. Y es que mi amigo ya debe ir a entregarle la moto a otro conductor que la trabaja durante la noche, en turno de doce horas, igual que los taxis en las grandes ciudades.

AP
Con Alejandro Palacio, en Valledupar.

De paso para el río vimos la DPA, una procesadora de leche en polvo que antes se llamaba Cicolac y que elabora la leche Klim. Me decía Ricardo que allí trabajan unos 200 obreros. También pasamos por un lado del Cementerio que, en VDR queda en todo el centro de la ciudad. Y recordé mi encuentro con Alejandro Palacio, quien se hizo famoso más tarde como protagonista de la telenovela ‘Rafael Orozco’.

Anduvimos por varias calles que me hicieron pensar en ‘la otra Valledupar’, con avenidas grandes y bien arborizadas, la de la gente adinerada con casas semi campestres, amplias y muy bonitas. En Valledupar casi en cada glorieta hay una obra de arte. En el recorrido de hoy, pasamos por la escultura de los tres acordeoneros que cantan dándose la espalda,  y también la imagen del pájaro llamado ‘María Mulata’.

Acordeón
Acordeoneros en una glorieta vallenata.

Lunes 22 de diciembre de 2008:

A las seis de la mañana estuvimos muy puntuales Ricardo y yo para una hora de tour por la ciudad de Valledupar. Excelente. Pero debo confesar que en un principio me dio miedito pues, montar en moto y sin casco, no deja de ser arriesgado. Pero qué caray, si me ha de pasar algo, pues qué vamos a hacer. Si uno se atiene a los temores, no disfruta cosas extraordinarias como las que he vivido hoy.

La principal conclusión que saco es que VDR es una ciudad muy arborizada. Ese creo que es su principal fortaleza. Además tiene avenidas amplias con separador en las cuales siempre hay árboles frondosos que dan una sombra reconfortante en los días de calor, que son la mayoría. Especialmente la Avenida Simón Bolívar me impresionó por su belleza. Tiene en el separador unos árboles de caucho, inmensos y de sombra geneosa.

Caracol.
Escultura del Caracol.

Está claro que una  particularidad de la capital del Cesar es que, en cada round point hay algo para ver. Esta vez pude admirar la escultura del Caracol, el Viejo Acordeón, la de Alfonso López y la de los Poporos, ese utensilio utilizado por los indígenas de la Sierra Nevada.

Rio
Sirena y río Guadalquivir.

También volvimos hasta el río,  que pude observar a profundidad, también bajo el puente donde las aguas corren entre rocas, que los niños utilizan como trampolines naturales. En una de las orillas está la escultura dorada de la Sirena, otra obra de arte representativa de la capital del Cesar.

El centro histórico de Valledupar es bonito. Tiene casas de una sola planta bien conservadas, con faroles pequeños y sobre todo sin mucho comercio, casi todas arrendadas para oficinas.

Pensé ir a bañarme al río Hurtado para mitigar el calor del medio día, pero más me interesó subir a la azotea en el piso 15, del edificio más alto de la ciudad. No fue fácil conseguir permiso para subir, con los porteros que, en principio me negaron el ascenso. Pero como siempre hay una instancia superior, fui a hablar el administrador del edificio y ese sí no solo me autorizó la subida, sino que ascendió conmigo hasta la terraza.

Coliseo.
El coliseo y los árboles que abundan en Valledupar.

A esta hora del medio día, cuando el sol está en todo el cenit, la vista es encantadora. Se aprecia Valledupar por los cuatro puntos cardinales y lo que más se destaca es la cantidad de árboles que dan sombra en las calles. Desde lo alto identifiqué las iglesias que acababa de conocer. Igualmente se diferencia el edificio de la DPA y se ven muy bonitos los cerros que sirven de base a la Sierra Nevada de Santa Marta.

Antes de abordar el bus de regreso a Medellín, disfruté de las ricas arepas rellenas que venden en algunos puntos de la ciudad y que las come uno recién asadas. Son deliciosas y para comer de noche, constituyen una excelente opción.

Arepas.
Venta de Arepas rellenas.

A las seis de la tarde salió el bus del Terminal. Antes que anochezca observo el paisaje por la ventanilla. Lo más hermoso que se ven son las distintas especies de aves: garzas, golondrinas, aguilillas, todas con vuelo pausado sobre los cultivos o al lado del ganado librándolo de parásitos. Los árboles tan variados en forma y follaje también son una preciosidad.

Por fin, a las seis de la mañana y tras trece horas de viaje, estuve en la estación Niquía, en donde cogí el Metro para llegar hasta mi casa.  Fue este un paseo espectacular, gracias Dios mío!

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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