Urrao (Antioquia)

Sábado 17 de mayo de 2014

Para llegar a Urrao desde Medellín, se puede tomar la vía al sur, por Caldas, Amagá, Bolombolo, Concordia y Betulia, o la que va de Santafé de Antioquia a Caicedo. El viaje entre Caicedo y Urrao dura una hora, se recorren 33 kilómetros por una vía destapada, pero en buenas condiciones. El pasaje cuesta $8.000, tanto en buseta como en taxi colectivo.

Virgen en el camino.
Calvario en medio del bosque virgen.

Apenas llegó la estudiante de puericultura, que trabaja con el ICBF y estudia en el SENA de Caicedo, arrancamos hacia Urrao. A mi lado va un campesino, mayor que yo, con quien converso sobre su vida y su actividad. Admiramos los cafetales tan bellos que crecen a orilla de la carretera, con esas hojas de color verde intenso y aceitoso. El hombre me cuenta que en tierra más caliente, también se puede cosechar café, pero

‘ay que tenerle fundamento con el agua, porque si le llega a faltar,

las cerezas se carean y no se cosecha sino pura pasilla’.

El campesino me explica que carearse, es el término que designa los granos que se ponen negros, por falta de humedad en la mata.

Columnas
Interior Iglesia Parroquial.

Me encantan estos viajes en auto colectivo, pues son la oportunidad para conversar con los vecinos, escuchar sus acentos tan particulares y que suenan tan bien para un citadino como yo. Además, siempre aprendo mucho sobre la vida del campo, el destino hacia el cual me dirijo, o las circunstancias difíciles o positivas que les toca vivir a mis compañeros de viaje.

Esta vía de Caicedo a Urrao, asciende hasta el alto de la Nevera, donde hay una pequeña y pobre Virgen, y luego se desciende hasta el Valle del Penderisco. El bosque virgen,  abunda en el sector. Casi una selva,  decorada por mariposas con alas de terciopelo, pájaros de todos los colores, lagartijas, aguilillas y quién sabe cuánta biodiversidad escondida, bajo ese espeso follaje.

Y no faltan las pinceladas color plata, que forman las ramas de árboles de yarumo, creciendo de vez en cuando, entre la espesura del monte. Por allí no ha pasado la mano devastadora del hombre, excepto unos cuantos grupos guerrilleros que, en una época anterior, deambulaban entre la floresta.

Después del alto, pasamos por las veredas Chuzcal y luego Aguapantal. De este lado, el bosque ya no es tan espeso y a veces lo han cortado para sembrar pasto para las vacas. Lástima, pues hay tramos de la quebrada que baja a un lado, que se ven sin vegetación que la proteja. Pero también se ven ya, casas con jardín al frente, lavaderos con gran tanque para el agua, que llega a través de un ducto hecho de media guadua; gallinas con plumas de diferentes colores, lideradas por un gallo altivo, de brillante penacho; perros guardianes y niños que juegan a la pelota. Abundan cultivos de tomate de aliño, granadilla, fríjol, lulo y tomate de árbol.

Edificio con arcos
Alcaldía de Urrao.

La entrada a Urrao, que casi no se ve antes de andar por sus calles, es por Jaiperá, un barrio algo retirado, que es a Urrao, lo que Manguruma es a Frontino: un barrio grande, un poco alejado del casco urbano.  Jaiperá tiene iglesia, cancha de futbol, y hay suficiente espacio para construir muchas casas más.

A la subida a este barrio, está La Ciudadela, con biblioteca pública y una terraza amplia, desde la cual tomé buenas panorámicas del pueblo. Pues decidí bajarme allí, frente a la alcaldía, que ocupa un edificio grande con arcos y corredores afuera.

Luego esperé la buseta que por esta vía, sube, pero no baja. Iba casi llena con un grupo de empleados de Edatel que están de visita en Urrao. Muy chistosos y entusiastas, hicieron agradable la vuelta en el transporte público, por $1.200 el pasaje.

Casa de la Cultura
Casa de la Cultura

Ya en el parque principal, lo primero fue dejar mi morral en un hotel central, para salir a dar  una vuelta por la Casa de la Música, la Casa del Deporte, la Casa de la Cultura y la Casa de los Adultos Mayores, hasta llegar, antes de la llovizna, a la Plaza de Mercado. En la Casa de la Cultura Luis Hernán Vásquez Duque, había dos grupos de danzas, uno de mayores, ensayando cumbia, y otro de más pequeños, bailando de todo. Qué bien!

Por último, aseguré mi puesto para Medellín, por $25.000, a las cuatro de la tarde, pues mañana tendremos reunión familiar. Como no había almorzado, en ‘Canoas del Café’, contiguo a la iglesia, me prepararon fríjoles con papa rellena. Estaban deliciosos esos fríjoles de granos cargamanto, grandes y brillantes.

En la última banca de la buseta veníamos una estudiante de Auxiliar Agropecuaria, Hansen Montoya: un muchacho campesino y yo. Pues entre los tres armamos una tertulia muy agradable, en la que cada uno aportó lo que sabía de caficultura, economía cafetera, abonos, diversificación de cultivos, precios de sustentación, auxilio del gobierno para los cafeteros, etc. Y más adelante supe que Hansen trabajó diez años en España, como ‘sudaca’, en actividades agrícolas, claro, y afortunadamente cuando la crisis en Europa, le tocó regresar a su parcela en el pueblo.  Así que los dos tuvimos tema suficiente hasta Betulia, en donde mi amigo se quedó para asistir, qué horror, a las riñas de gallo, afición que aprendió de su padre.

Adultos en corredor.
Adultos en actividad cultural.

El regreso fue delicioso, por esas tierras del Suroeste tan bellas, con esos  balcones panorámicos que hay, en la gran herradura que forma la carretera entre Betulia y Concordia; y con vista, entre las penumbras de la tarde, del perfil de montañas preciosas. Por último, rodeando Amagá, las luces de las casitas campesinas puestas, como en un pesebre,  en la ladera de la cordillera y, arriba, un firmamento tachonado de estrellas.

En la buseta venía una señora joven con dos niñas que vomitaron buena parte del camino. Sí que le tocó duro a la pobre. Antes de las nueve de la noche me bajé en la estación del Metro. Fue este un paseo muy ameno, un vueltón de 16 horas, intenso en emociones y paisajes antioqueños y, quién lo creyera: en transporte público, por solo $60.000. Que se repita.

 

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *