Natagaima (Tolima).

Jueves 14 de abril de 2011:

Ya me había sentado en el bus que saldría para Purificación, pero la pérdida de una maleta a un pasajero demoraba el arranque. Entonces llegó otro transporte para Natagaima y antes de acomodarme en la nueva buseta, pagué los $ 4.000 que cuesta el pasaje desde Saldaña, municipio que acababa de conocer.  Entre ambas poblaciones hay 23 kilómetros de distancia para media hora de recorrido. Por acá cerca está el Cerro del Pacandé.

Fachada Iglesia.
Templo Parroquial.

Lo que se aprecia a lado y lado de la vía, son potreros planos, muy bonitos y ahora bastante verdes, gracias a las copiosas lluvias de los últimos días. A mitad de camino está Castilla, un corregimiento pequeño. Hoy hace un día excepcional, pues después de las lluvias inclementes de esta semana, el sol ha salido airoso desde muy temprano y promete iluminar todo en esta fecha. Mi objetivo es conocer el sur del Tolima. Este día tan especial tendré que aprovecharlo al máximo.

A las 11:40 estuve en el parque principal de Natagaima, que tiene el pomposo nombre de Plaza de la Constitución. Y no es para menos, pues además del arco central en ladrillo, el espacio público está bien adornado con árboles y matas de flores. Desde cuando uno llega a este pueblo tolimense, se da cuenta que es un pueblo agradable, muy arborizado, con orden y señorío.

Calle con árboles.
Calle arborizada de Natagaima.

Anduve por el pasaje comercial que une la plaza principal con la Galería. Es un sendero bien presentado, con almacenes a cada lado y suficientes árboles de buen follaje y refrescante sombra. La Plaza de Mercado, que ocupa toda una manzana es ordenada y limpia. Y lo que más me cautivó fue el Pabellón de las Carnes: una estructura alta y circular con pequeña cúpula cubierta con láminas de zinc envejecido. Qué construcción tan bonita y original. En Prado encontré otra de similares características. Parece que en el Tolima Grande, el Pabellón de las Carnes era un sitio muy especial para sus habitantes.

Plaza de Mercado.
Pabellón de Carnes.

La iglesia principal de Saldaña tiene frontis al estilo antiguo y de una sola torre, pero el interior no es cosa del otro mundo. Esta vez también me valí de la cámara para conocer el altar de la iglesia cuyas puertas estaban cerradas. Y la verdad no me perdí casi nada: un salón no muy amplio, con dos arcos al fondo, un retablo central y varias ventanas altas a los lados.

Como Natagaima es un pueblo plano e interesante, averigüé dónde me podrían alquilar una bicicleta para recorrer sus calles. En el taller de ciclas, a dos cuadras de la plaza, el joven técnico accedió de buena gana a arrendarme la suya, máxime cuando le prometí que le dejaría 50 mil pesos de garantía.

Total que feliz sobre dos ruedas empecé a conocer el pueblo. Me impresiona cómo, casi todas las calles de Natagaima tienen árboles que dan sombra suficiente, incluso para los ciclistas. Me habían hablado de la Plaza de Ferias y allí estuve en primer lugar. Se trata simplemente de una plazoleta grande donde ahora están armando la carpa de un circo pueblerino.

Luego fui hasta ‘El Parque Mitológico’, otro espacio público bien arborizado y donde se exhiben esculturas de algunos personajes mitológicos: El Mohan, La Madremonte, El Sombrerón, La Llorona, etc. En el centro del parque, muy bien cuidado por cierto, se erige un obelisco de terminación caprichosa.

Cabros pequeños.
Niños con cabritos.

Me encontré a un joven que también iba en cicla y cuando lo invité a ir juntos, aceptó de muy buena gana. Es Edward, quien cursa tercero de primaria. De pocas palabras y hablado silencioso, este muchacho fue mi guía, compañero y fotógrafo privado, durante todo el recorrido. Por sugerencia suya fuimos luego a conocer el Estadio, que no es más que una cancha de fútbol cercada. En los alrededores se ven unas palmeras altas muy bonitas.

Obelisco.
Obelisco en Natagaima.

Más adelante nos entretuvimos admirando un par de cabritos de dos días de nacidos, blancos con pintas negras, preciosos, y muy tiernos. Los niños jugaban con ellos, pero los animalitos preferían pegarse a la ubre de su madre.

A pocas cuadras encontramos el balneario a donde vienen los habitantes de Natagaima los fines de semana. Se trata de un brazo del río Magdalena no muy profundo y con árboles frondosos en las orillas. Lo que nos entretuvo allí fue, ver pasar dos barqueros que luego, con ayuda de unos perros de nadado rústico, cazaron un pato salvaje que venía por el río.

Fríjoles y pollo.
Almuerzo con mantel plástico.

En la plaza de Natagaima, a donde regresamos cada uno en su bicicleta, me despedí de Edward, le dí su propina y mi teléfono para enviarle las fotos que tomamos. Luego la sorpresa fue encontrar cerrado hasta las dos de la tarde, el taller en donde debía entregar la cicla para reclamar la garantía. Así que mientras tanto, decidí almorzar en el Restaurante Bety, al pié de la Galería, en donde por cinco mil pesos me alimenté e hidraté bien, pues necesitaba una buena cantidad de vasos de jugo de lulo y guandolo para restituir los líquidos perdidos por la sudoración. Los fríjoles en taza, deliciosos y el pollo sudado, exquisito. La sombra de los árboles y la ramada del restaurante abierto, fueron el escenario perfecto para descansar y restablecer energías.

A las 2:30 abordé otro colectivo para regresar a El Guamo. El día continúa precioso, como dicen los lugareños, con

‘…un sol bien arrecho, oiga…’.

La carretera por esta zona es excelente, de tramos rectos y con planicies hermosas a los lados. A veces esas vegas se ven como un hermoso tapete verde donde crecen sembrados de arroz, el cultivo más extendido en el Tolima grande.

Monumento en plaza principal.
Plaza de la Constitución.

Conversando con mis compañeros de viaje, entiendo que lo mejor es no llegar temprano a El Guamo, sino desviarme ahora mismo hasta Purificación y Prado, para conocer también esos pueblos y, si queda tiempo, ir hasta la represa de Prado. Así que al llegar a Saldaña me bajé y busqué transporte para ‘Puri’, como dicen acá. Definitivamente hay que aprovechar este día de sol.

 

 

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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