Santo Tomás (Atlántico)

Martes 12 de febrero de 2013

Como de costumbre, anoche me acosté temprano y hoy estoy en pie a las siete, para ir desde Barranquilla a Santo Tomás y otros pueblos del departamento del Atlántico.

IGl.
Palmas de abanico, al lado de la iglesia.

Desde el Hotel Los Ángeles, anduve a pié las pocas cuadras que me separaban de la 38 con 36, donde cuadran los buses que van para Santo Tomás. Mientras llegó el transporte, aproveché para desayunar por $6.500, con carne de cerdo guisada, patacones deliciosos y café con queso. Pura sazón costeña, exquisita. Con el último sorbo llegó el bus que por $3.000 me dejó en Santo Tomás.

En estos buses de la costa es poco lo que se puede divisar hacia afuera, pues a casi todos les colocan unas cortinas largas, a veces con cenefas de borlas, moras y flecos, para tapar el sol y también el paisaje.

Al llegar a Santo Tomás, me recibieron las campanas llamando a la siguiente misa. Qué timbre tan hermoso, el de esos bronces. Desde ahí empecé a entender que este es un pueblo con señorío, hermoso y agradable.

Plaza
Plaza de Santo Tomás.

La plaza es preciosa. Plana, por supuesto, decorada con dos ceibas gigantes, la estatua de Bolívar pedestre, en el centro, tres astas para banderas y unas veinte bancas.

La iglesia, muy linda, está recién restaurada. Tiene una única torre redonda y cúpula alta; se me hace parecida a la de Santa Bárbara, en Mompox y, por ende, a la de Fundación; como si el mismo arquitecto hubiese diseñado esos templos. Esta ermita también tiene espacio libre atrás, como casi todas las parroquias costeñas. Las palmas de abanico que rodean el templo hacen muy buen contraste con las paredes blancas de la edificación.

Ima.
Imágenes del altar parroquial.

El interior de la iglesia también es hermoso, con altares sencillos y retablos de un decorado costumbrista bonito. Por lo que he visto, parece que todas las iglesias de la costa las construyeron de tal manera que les dé el sol de frente por la mañana. O será cierto aquello de que las hacían siempre ‘mirando hacia Roma?’.

En la Tienda y Variedades Yuli, el ambiente es delicioso. Allí me siento a tomar un Bon Yourt con zucaritas, atraído por los vallenatos de Diomédez Díaz, que no dejan de sonar a buen volumen.

Se escucha ‘Mi primera cana’, canción bellísima que me hace estremecer y me pone un tanto melancólico. Luego un tinto grande por $500 y para rematar, una Coca Cola ‘bebé’, por $800.

Qué ricura de pueblo. Una brisa suave refresca el ambiente que tiende a calentarse por el reflejo del sol que, a esta hora, pega contra la pared blanca de la iglesia. Para colmo de dicha me complacen con ‘Cantando’, también del viejo Diomédez.

‘Esta vida que yo tengo, es muy bonita, es muy bonita

Pa’ que no se me acabara, fuera bendita, fuera bendita

Pa’ poder vivir cerquita, de las cosas que más quiero

Que no me pusiera viejo, pa’ estar siempre jovencito’,

A un lado de la iglesia está el Palacio Municipal, decente y rodeado de árboles; y en la otra esquina construyen un edificio gubernamental de dos plantas. La casa grande que sigue a la Tienda es bien hermosa ya agradable.

Triciclo.
Medio de transporte urbano en Sto. Tomás.

Continuamente pasan triciclos construidos con media moto y una capota. Por lo visto, hay más triciclos que autos y pocas bicicletas, al menos a esta hora. En este momento suena ‘Por jugar al amor’, de Los Betos. Y más adelante se escucha ‘Mi hermano y yo’, de los hermanos Zuleta, que tiene un remate precioso. Pero de los que más me gusta es ‘Diana’

‘Si acaso yo no regreso, más por aquí

díganle a Diana que rece y ruegue por mí’.

Salgo a conocer un poco más de Santo Tomás, caminando por algunas calles, las que van hacia el Cementerio. Las vías de Santo Tomás están bien arborizadas, casi todas con palos de mango, que dan frutos y buena sombra.

Cult
Casa de la Cultura.

Paso por la Casa de la Cultura, moderna y de dos plantas. Y delante del campo santo me encuentro con un pequeño parque que, por estar unido al Cementerio, toma el nombre de ‘Parque del Recuerdo’.

Pescado.
Deliciosa mojarra frita.

A la una de la tarde me doy cuenta que no he almorzado. Entonces por $7.000, me alimento con mojarra frita en el Asadero y Restaurante Aves de Cali, mientras que el postre fueron dos roscones riquísimos, a solo 200 pesos la unidad, en SoloRicuras.

Pues sí que me encantó este pueblito. Lo dejo con nostalgia, para conocer también Sabanalarga.

Tuve que llegar hasta Barranquilla y tomar en el centro el otro bus que va hacia Sabanalarga. Menos mal el conductor del carro que me trajo de Santo Tomás, al reconocerme como turista, muy amablemente le pidió a un colega que me dejara justo en el paradero que necesito. Qué bien, un detalle bonito de este chofer costeño.

 

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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