Zapayán ‘Punt’epiedra’ (Magdalena) 1 / 2

A 250 kilómetros al sur de Santa Marta, sobre la margen oriental del río Magdalena se encuentra Zapayán el municipio más reciente del departamento del Magdalena.

Iglesia.
Parroquia de Zapayán.
Moto.
Parte del viaje en moto.

Municipio y capital.

Se trata de uno de los 38 municipios heteronominales de Colombia: el municipio se llama Zapayán y tiene como capital a Puent’epiedra, un pueblo de pescadores y cultivadores de yuca, maíz y fríjol.

A Punta de Piedra se llega navegando a través de la Ciénaga de Zapayán, un espejo de agua de gran extensión en temporada de lluvias. En cambio durante el verano la ciénaga pierde tanta humedad que muchas especies mueren en las riberas.

Aves.
Ciénaga de Zapayán con muchas aves.
Caballo.
Todavía las motos no han reemplazado a las bestias.

Cómo llegar.

$20.000 cuesta el pasaje para viajar durante una hora en Johnson de Calamar hasta Punt’epiedra (Zapayán).

El sistema de transporte no es del todo informal. En el puerto de Calamar, un muchacho en una oficina desvencijada elabora una lista de los pasajeros que van en la nave, pero no le entrega a los viajeros ningún comprobante de pago.

La hora de salida no está determinada, depende de cuántos pasajeros se inscriban y paguen antes de las nueve de la mañana.

Mi desayuno fue en el malecón, con carimañola de yuca, arepa de huevo y café. Al fin a las 8:40 salimos, sirvió el haberme sentado en el bote cuando ya había varios viajeros a la espera. Detrás de mí se vinieron todos y eso contribuyó a que el motorista decidiera arrancar con el grupo que había, que no era escaso.

Otra barca.
Transporte fluvial de pasajeros.

Aves por doquier.

Este recorrido en horas de la mañana, primero por un brazo del río Magdalena y más adelante por el caño que acorta distancias, es muy agradable. Sobre todo por la cantidad de aves que a esta hora buscan alimento en el caño o en sus orillas.

Me llaman la atención unas aves medianas de plumaje oscuro que vuelan casi a la misma velocidad del Johnson. Dicen que se llaman Patoyoyos y de esa especie hay cantidades.

Aguilillas.
Garzas y aguilillas.
Tarulla.
Garza sobre tarulla.

También abundan las garzas que, por comunes no dejan de impresionar al verlas volar cadenciosas, tan blancas, estilizadas y elegantes.

No falta el ave inexperta que corre peligro de quedar atrapada bajo el techo de la lancha que, avanza más rápido que la intrusa.

Al sentir el ruido del motor, las garzas estiran las patas hacia atrás, despliegan sus alas grandes y alzan vuelo sin demora pero con movimientos acompasados.

Como voy en la segunda banca detrás del conductor, me queda fácil enfocar esos pájaros inmaculados.

Copetinegra.
No todas las aves son blancas.
Garzas.
Garzas alerta.

Cuando salimos de nuevo al río Magdalena, ahí sí que había gran cantidad de aves. La convergencia de ambas vertientes es un punto estratégico donde ellas encuentran comida con facilidad.

Revolotean sobre el río para luego posarse en los árboles de la orilla, donde estén a salvo de cualquier amenaza.

Con razón el himno de Zapayán entona:

Vuelan garzas que gran bendición

Y el Magdalena hace calle de honor

Imponente resalta el valor

Raza bravía que cree en el amor.

Varias estaciones.

Temprano en la mañana abordamos la embarcación en Calamar. La  primera parada fue en ‘Piedras de Moler’, un corregimiento de Zapayán. En ese sector las tierras son bastante áridas a pesar que una ciénaga rodea el pueblo.

La segunda estación fue en ‘La Bomba’, otro poblado en donde muchas señoras lavaban ropa a orilla del lago, estregando las prendas contra piedras o tablas. Una vez enjabonadas, colocan las mudas sobre  armarios rudimentarios enclavados en el fondo del agua.

Mujeres.
Mujeres lavando ropa en la laguna.
Palmeras.
Palmeras sobre el espejo de agua.

Qué hermoso paisaje, y cómo disfrutan su trabajo estas laboriosas damas. Conversan con las vecinas mientras comentan quién sabe qué cosas de los sucesos recientes en el barrio, las barcas que llegan o los pasajeros que las ocupamos.

Se ven además hombres que recogen agua del río y cargan las canecas en burros que también han sumergido sus patas en la parte menos honda. Seguramente no hay acueducto en el pueblo y sus habitantes se surten del río Magdalena. 

Fecha de la visita: Miércoles 7 de febrero de 2018.

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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