Manaure (La Guajira).

Martes 21 de enero de 2014

Cuando llegué al centro de acopio, en el centro de Maicao,  ya estaban sentados los otros tres pasajeros de un automóvil de placas venezolanas, como muchos de los que hacen viajes en la Guajira.

AP
Arcos del parque e iglesia principal.

El pasaje en colectivo, desde Maicao hasta Manaure, pasando por un lado de Uribia, cuesta $10.000.

La señora que me acompaña y su perrito cargado, se durmieron rápido, menos mal. Ella le hablaba como si fuera un bebé.

Al otro lado de la silla que me gusta, la de atrás, donde no da el sol, va una indígena wayuu, con quien comparto las mandarinas que conseguí en Maicao.

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Mochilas tejidas por mujeres Wayúu.

La mujer me cuenta que la mochila que lleva colgada, la bordó ella misma la semana pasada. Le pregunto que si la vende y me dice que sí, que en $40.000 y, antes de despedirnos se la pago.

Así que en la plaza de Manaure empecé a lucir mi nueva prenda, de color caqui, con figuras cafés.

La plaza principal de Manaure es agradable, un parque plano con plantas medianas y arcos de cemento.

El Cacique Manaure de la tribu Wayuu, fue quien le dio nombre al municipio.

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Homenaje al obrero de las salinas.

El frontis de la iglesia de Santa Rita se ve bien y a esta hora el sol favorece las fotos que tomo.

Un obrero de las salinas, pala en mano,  se aprecia en la escultura que está en el centro del parque.

Cerca del Colegio Santa Rita hay una fila larga de personas de escasos recursos, especialmente indígenas wayuu, que esperan para reclamar el subsidio, que les da el gobierno.  Qué cosa, cómo les toca hacer esa fila tan larga, protegiéndose del sol con algunos cartones.

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Fila de beneficiarios de subsidio oficial.

No quiero ir a las salinas a esta hora de tanto sol, pero va a tocar, pues apenas es la una de la tarde. Así que en una bici-taxi, por dos mil pesos, llegué hasta el ‘Restaurante Manaure Beach’, al pie del océano, claro.

Cerca al mar está la carreta con la bomba que utilizan pasar agua marina a los estanques de deshidratación.

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Bomba con la cual se extrae el agua del mar.

En una choza de paja, converso con una pareja de jóvenes que trabajan con el Ministerio de Cultura en Bogotá, y han venido a revisar el patrimonio Inmaterial de Manaure.

Hablamos temas conocidos para ambos, como la necesidad de descubrir talentos en artesanías, danza, música, para que esos prospectos salgan adelante.

De poco vale, estudiar el álgebra de Baldor, para alguien que tiene aptitudes para el fútbol.

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Restaurante y playa de arena fina.

Mis amigos se fueron a almorzar, yo caminé un poco hasta la vía por donde pasan los camiones, que van a cargar bultos de sal más adelante.

Al fin un señor muy amable, en una motico Honda 90, la menos indicada para mis 100 kilos, fue quien me arrimó hasta las salinas y no me quiso cobrar. Pa’ que vea, quien menos piensa uno, es quien lo saca de apuros. Que la vida lo premie, y él encuentre quien lo socorra en un momento de dificultad, es lo que más le deseo.

Hombres de ascendencia indígena son los que trabajan en las salinas. La sal que por acción del sol y la brisa ya se ha deshidratado, es empacada en

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Hombres cargan la sal sobre sus cabezas.

bultos que luego, entre dos, se suben al hombro y la depositan en los camiones viejos, de latas oxidadas o comidas por el sodio. Tomé algunas fotos y regresé en moto taxi al ‘Restaurante El Reposo’.

Qué tarde tan agradable, sopla una brisa refrescante, me siento de maravilla, en una playa casi desierta. Converso con una pareja que vino de Valledupar. Los niños están encantados jugando con la arena y los más jóvenes se divierten con las olas.

Pasa una moto y le pongo la mano, pero mi amigo del Restaurante me explica que ese joven trabaja para una empresa de paga diario.

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La brisa arrastra con fuerza la bandera.

Qué horror!  cómo explotan a los más necesitados.

El administrador del Restaurante me pide por celular una moto. Al momento llega José, un joven con su cabeza y hasta el cuello, cubiertos con una toalla. Aquí el sol es inclemente y la gente debe protegerse muy bien.

Vamos al punto donde lavan la sal, hasta dejarla tan blanca como la nieve. Junto a una montaña de NaCl me tomo fotos. Parece un pico nevado, se ve

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‘Montaña’ de sal purificada.

precioso ese montículo inmaculado. La banda transportadora, a través de la cual llega la sal, está oxidada y carcomida por el mineral salino.

Por acá el paisaje es de ensueño, todo se ve estilo vintage, bellísimo.

Y ese mar azul al lado, con gaviotas que se clavan de improviso en busca de alguna presa, pelícanos que engullen hasta el pez más grande y lo ‘guardan’ en la mochila que tienen bajo el pico, para que el pescado se descomponga y poco a poco baje hasta el buche.

El ave marina siempre lo engulle de cabeza, pues hay peces que tienen afiladas puntas, que podrían herir el guargüero del pelícano. Un lugareño me explica que el pelícano es el único

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Decoración vintage y espontánea.

animal que bebe agua salada y en su garganta la transforma en líquido saludable.  Su sistema de respiración es independiente a la tráquea, para poder hacer este proceso de ingestión.

Qué cosas maravillosas tiene la naturaleza.

Mi amigo José me dejó en la calle principal de Manaure, justo al frente de la flota de colectivos puerta a puerta, que cobran $15.000 hasta Riohacha y dejan al pasajero, justo en el destino que determina.

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Calle principal a la entrada a Manaure.

El viaje de regreso fue muy agradable, en medio de dos damas que trabajan para el programa de ludotecas del ICBF. Una de las funcionarias, habla todo el tiempo y es una persona interesante, se nota que labora con vocación y gusto por lo que hace.

Su función es coordinar a las personas de la etnia wayuu, que trabajan con los niños indígenas, a veces con desnutrición, para mejorar la comprensión, sus habilidades motoras, comunicacionales, etc.

Es un programa bonito, que mediante juegos, pretende reemplazar el Pre Kinder, Kinder y Transición que hacen los niños citadinos, antes de ingresar a la primaria.

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Moderno edificio de la Alcaldía.

Por mis vecinas de silla, me enteré de cuáles son los municipios que vale la pena visitar en la baja Guajira: Distracción, donde dicen que hay muchos gays, El Molino, Villanueva, San Juan de Cesar y, de pronto, Barrancas, todos ellos se pueden conocer teniendo como epicentro a Fonseca.

El  alcalde de Manaure hasta el 2019 es el señor Alemar Ibarra Mejía. Acá viven en total 67.000 manaureros, 26.000 en el pueblo y 41.000 en las rancherías.

Germán Vallejo

En este Blog publico relatos de mis viajes por Colombia y Antioquia. Desde el 2004 he realizado viajes, casi siempre solo, con pocos recursos y en transporte público. Estoy convencido que en un día soleado todo se ve más bonito, por lo que prefiero viajarenverano. Bienvenidos.

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